El reto de no precipitarse en trading

 

Los periodos de pánico y/o euforia que solemos vivir en los mercados financieros nos llevan a cuestionarnos la manera óptima para gestionar nuestras emociones a la hora de tomar decisiones de inversión, ya que solemos caer en el impulso, y por ende, en la precipitación. La respuesta es que no existe una píldora mágica, a modo de receta, que valga para que todo individuo, con sus peculiaridades y diferente aversión al riesgo, decida siempre por el camino de la cordura. En este sentido, por ejemplo, una persona a la que le gusten los deportes extremos como el puenting, tendrá un concepto distinto del riesgo que -digamos- alguien que le gusten los deportes más tradicionales.

En las sesiones de Psicotrading que impartimos en la escuela, focalizamos nuestra atención en 2 aspectos fundamentales que ayudan a tener buenos resultados en el bróker: por un lado, conocer nuestro perfil como inversores, y por el otro, férrea disciplina a la hora de aplicar nuestro trading plan.

Cuidado: un mal resultado en una operación no implica necesariamente una mala decisión de inversión, puesto que ya sabemos que en trading hablamos de probabilidades estadísticas y no de plena certidumbre.

En cuanto a conocer nuestro perfil como inversores, la idea más importante es que sepamos qué finalidad tiene eso. Y la finalidad es que hay que buscarse activos en nuestra cartera de inversión que estén perfectamente equilibrados con nuestro nivel de tolerancia a la volatilidad y aversión al riesgo. De lo contrario, sufriremos periodos de estrés continuamente. Conoce qué tipo de inversor eres, acudiendo a este enlace.

Conoce qué tipo de inversor eres

En cuanto a la disciplina y ejercicios de orden mental para ceñirnos de manera estricta a nuestro trading plan, aquí van una serie de observaciones que nos van a ayudar:

  • Ser consientes que el mundo financiero no está libre de riesgos y el futuro no es pronosticable.
  • No caer en la tentación de desear una recuperación tras un resultado negativo, puesto que querer recuperar lo perdido es perder doble.
  • Excesiva información puede convertirse en excesivo ruido mediático. Controle muy bien sus fuentes de información.
  • El hombre por naturaleza busca confirmar sus creencias con otros. Elija bien.
  • Olvídese de la esperanza teologal en trading. La única esperanza que vale es la matemática.
  • Lleve un registro de operaciones que le permita aprender de sus errores y potenciar sus aciertos.
  •  No ponga todos los huevos en una misma cesta.
  • Relájese, coma, duerma y haga ejercicio: el trading no es lo único que debe estar presente en su vida.

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

Hablemos de disciplina

 

 

Uno de los problemas habituales que suelen surgir en la etapa de aprendizaje de los traders es el no ser disciplinados, algo que a la mayoría les sucede y cuesta corregir. Inconscientemente la palabra disciplina, per se, genera rechazo, pues se suele asociar a creencias limitantes sobre ella, y por supuesto, si tenemos un mal concepto sobre lo que significa disciplina, nos va a resultar extremadamente complicado practicarla.

Al margen de lo que diga la real Academia Española, y de las tantas definiciones, conceptos, imágenes, significados y metáforas que puedan existir alrededor del concepto disciplina, lo más importante es saber para qué sirve; qué función tiene. En este sentido, diremos que la disciplina es aquélla capacidad que ayuda a realizar alguna acción o acciones que NO nos gustan para obtener un beneficio en un determinado plazo.  Así de simple y complejo a la vez.

La disciplina es necesaria para alcanzar objetivos o metas, por lo que no debemos circunscribirla a castigo, dictadura, colegio, o limitación a la creatividad o a la posibilidad de ser auténtico. La disciplina es necesaria, porque cuando la motivación falla, actúa la disciplina. Y la disciplina es un elemento esencial para el mundo del trading, ya que hay que ceñirse al trading plan de forma férrea e inflexible, y eso requiere disciplina.

No debes preocuparte si no eres una persona disciplinada, si rechazas la disciplina o te pierdes en el intento de encontrarla. Existen infinitas técnicas y herramientas para aprender a incorporarla en tu día a día, y eso te servirá como caldo de cultivo para crear un hábito en trading. No lo olvides: el trading que practiques debe ser, al fin y al cabo, una rutina.

Una vez hecha la formación teórica en mercados financieros, el alumno dispone de normas y reglas para aplicar en su operativa, pero lo cierto – y a la vez triste- es que las prisas de querer operar en real y las urgencias por no perderse oportunidades de hacerse rico, provocan que uno se olvide de esas normas y reglas. En DEMO, el alumno se justifica diciendo que “total, esto en real no lo haría… lo hago porque sé que esto no es dinero de verdad“. Pero lo cierto es, bajo mi experiencia, que en REAL el alumno lo hace igual o incluso peor.

Lo importante, llegados a este punto, es que estas cuestiones se solucionan con esfuerzo, dedicación, compromiso y trabajo en serio. Esto, que de bien seguro implica disciplina, es sin lugar a dudas la mejor incorporación que uno puede hacer a su cartera de inversión.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

Aprender de los errores para mejorar nuestro rendimiento operativo

 

 

 

Es frecuente que los operadores principiantes inicien su aventura en el trading tirándose de cabeza, esto es, centrados únicamente en el ganar dinero. Cuando el foco está en ganar dinero, y no está en la buena operativa, en el buen estudio y en el correcto análisis, lo siguiente es culpar al mercado y excluir el resultado obtenido de toda responsabilidad propia. Una forma más constructiva de abordar las pérdidas es llevar un Diario de Trading.

Un Diario de Trading, dicho de forma sencilla, es un documento que permite al inversor introducir los detalles de sus operaciones. Puede contener detalles específicos tales como: el mercado en el que opera, el horizonte temporal escogido, la hora a la que abrió sus operaciones, la hora a la que se cerraron sus operaciones, el análisis técnico y fundamental en el que se basaron las operaciones, sus niveles de stop loss y take profit, el resultado de sus operaciones y sus observaciones sobre su propia gestión de las operaciones.

El propósito de un Diario de Trading no es solamente mantener un registro de ganancias y pérdidas, sino propiciar que el operador sea más consciente. Está probado que llevar un diario ayuda a mejorar la autoconsciencia y a poner el foco, como comentábamos anteriormente, en lo que conviene continuar haciendo porque genera resultados positivos, y lo que conviene mejorar porque está generando pérdidas. El trading es un proceso de aprendizaje constante. Y por ello, ser autocrítico para poder trabajar en una mejor versión de sí mismo, y convertirse en un mejor operador, es la mejor recomendación. Un Diario de Trading ayudará precisamente a eso.

Las preguntas que se listan a continuación sirven para a conocer si el Diario de Trading que tiene necesita una revisión:

  • ¿Ha notado la falta de un Plan de Trading definido más claramente?
  • ¿Está la necesidad de ganar más dinero poniendo demasiada presión en tu rendimiento?
  • ¿Hay distracciones ambientales que afectan a la ejecución de las operaciones?
  • ¿Se siente cansado o mentalmente sobrecargado por el estilo de negociación adoptado?
  • ¿Cuál es la actitud de su diálogo interno mientras está operando?
  • ¿Le falta a su trading un control de calidad?
  • ¿Una serie de operaciones ganadoras seguidas le produce un exceso de confianza?
  • ¿Ha notado falta de voluntad para aceptar las pérdidas?
  • ¿Está perdiendo la confianza en sus estrategias o sistemas?
  • ¿Controla sus comportamientos impulsivos?
  • ¿Es víctima del “trading vengativo” tras una serie de pérdidas?

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

DISCLAIMER: La información y opiniones del presente artículo tienen carácter informativo, sin intención de influir en cualquier decisión comercial y no representan una recomendación personalizada de inversión ni de asesoramiento, dado que no se ha tenido en cuenta la situación financiera, los objetivos de inversión u otras necesidades personales de ningún inversor en particular y no constituyen ni pueden interpretarse como una oferta, invitación o incitación para la venta, compra o suscripción de valores, productos o servicios financieros, ni su contenido constituirá base de ningún contrato, compromiso o decisión de cualquier tipo. Su finalidad es mantener informados a los clientes de Aston Dealers® Business Academy sobre noticias o información correspondiente a los mercados financieros y por tanto los destinatarios de la presente comunicación deben consultar con sus propios asesores legales, fiscales o de cualquier otro tipo sobre las implicaciones de invertir en cualquiera de los productos o activos, que en su caso, se mencionen en el artículo.

 

¿El trading es un cuestión de suerte?

 

 

 

El hecho es que el hombre, desde que es hombre, cree que la suerte existe. De este modo, asocia objetos, situaciones, rituales y hechos fortuitos a la percepción de una mayor o menor suerte. Por ejemplo, el amarillo significa mala suerte, las herraduras buena, romper un espejo mala, tocar la cabeza de una estatua buena, etc.

Pero matemáticamente la suerte no existe. Las matemáticas no entienden de suerte sino de probabilidades. Si invertimos en un valor al azar, la probabilidad de ganar o perder no estará en función de nuestra suerte, sino de una probabilidad que estará condicionada por la suma de un enorme número de factores, muchos de ellos (a veces todos) fuera del alcance de cualquier predicción.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, desde un punto de vista humano, la suerte sí que existe. Vaya que si existe. Que te toque o no la lotería podrá ser un hecho aleatorio, pero al que le toca, que le pregunten si tiene o no buena suerte. Por ello, psicólogos como por ejemplo Freud, pensaban que la suerte descendía exclusivamente de la actitud de la persona ante sucesos aleatorios.

Pero será el psicólogo especializado en “rarología” R. Wiseman, el que haya aportado los datos más reveladores sobre el tema. Para preparar sus experimentos, Wiseman decidió formar un gran grupo de personas dividiéndolos en dos subgrupos, los que decían tener suerte y los que decían no tenerla. En su primer experimento probó con jugadores de lotería, para ver si los que aseguraban tener suerte conseguían algún tipo de resultado especial. Los resultados del experimento fueron los esperados, es decir, que no había mayor probabilidad de que les tocase un premio a aquellos que aseguraban tener suerte. Con ello probaba que matemáticamente la suerte no existe. Tal y como comentábamos antes, no depende de nuestra suerte que un valor suba o baje. Ni siquiera de que nos consideremos o no afortunados.

Ahora bien, en otro de sus experimentos, pedía contar las imágenes que tenía un periódico. El truco estaba en que en la segunda página en un anuncio a media página (es decir, grandecito), se leía “Pare usted de leer, en este periódico hay 27 imágenes”. Los resultados del experimento son sencillamente geniales: la gran mayoría de las personas que decían tener suerte tardaban en resolver la pregunta unos segundos. Hasta aquí normal. Sin embargo, la gran mayoría de aquellos que decían tener mala suerte tardaban varios minutos en dar el resultado.

Pero hay más, otro experimento consistía en plantear el siguiente caso: les hacía imaginar que trabajaban en un banco y un atracador les disparaba en una mano, dejándosela inútil. La pregunta era: ¿creían tener buena o mala suerte? Los que decían tener mala suerte, por supuesto, decían que era malísima suerte perder una mano. Los que decían tener buena suerte en cambio aseguraban que era muy buena suerte no haber perdido la vida.

Es decir, la suerte es una cuestión de actitud. Es cierto lo dicho en La Eneida: “la suerte es para los osados”. Aquellos que están más abiertos a nuevas experiencias y a conocer gente nueva y nuevos lugares, tienen obviamente una mayor probabilidad de estar “en el sitio adecuado en el momento adecuado”.

Cuando entramos en el mundo de las inversiones, lo mejor es no dejar nada a la suerte y dejarlo todo a las matemáticas. Lo anterior no significa no hacer todo lo posible por poner las matemáticas de nuestra parte. Tendremos muchas posibilidades de “tener más suerte” si entramos al mercado con un plan de trading que nos ayude a averiguar el riesgo del mercado, y que ponga puntos claros de salida a nuestra estrategia, tanto cuando es errónea, como cuando es acertada: análisis (del riesgo, no del futuro, predecir el futuro es imposible) y money management.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

DISCLAIMER: La información y opiniones del presente artículo tienen carácter informativo, sin intención de influir en cualquier decisión comercial y no representan una recomendación personalizada de inversión ni de asesoramiento, dado que no se ha tenido en cuenta la situación financiera, los objetivos de inversión u otras necesidades personales de ningún inversor en particular y no constituyen ni pueden interpretarse como una oferta, invitación o incitación para la venta, compra o suscripción de valores, productos o servicios financieros, ni su contenido constituirá base de ningún contrato, compromiso o decisión de cualquier tipo. Su finalidad es mantener informados a los clientes de Aston Dealers® Business Academy sobre noticias o información correspondiente a los mercados financieros y por tanto los destinatarios de la presente comunicación deben consultar con sus propios asesores legales, fiscales o de cualquier otro tipo sobre las implicaciones de invertir en cualquiera de los productos o activos, que en su caso, se mencionen en el artículo.

 

Esperanza, fe y caridad. ¿También en el trading?

 

 

Esperanza, fe y caridad en la tradición cristiana son las tres virtudes teologales, y ninguna de ellas deben trasladarse a nuestra operativa como traders o inversores. En los mercados financieros solamente vamos a confiar en la esperanza, pero no en la esperanza mística, sino en la matemática. La esperanza entendida como cualquier otra definición, lleva inevitablemente al desastre económico. En el trading, la esperanza es como la veía Nietzsche: el peor de los males, porque prolonga el sufrimiento del hombre.

La esperanza es un sentimiento de que las cosas irán mejor en el futuro, o se desarrollarán de acuerdo a lo que esperamos. Cuando hablamos de trading, la esperanza funciona como una máquina del tiempo para los operadores: convierte las inversiones de corto plazo en inversiones de largo plazo. Un ejemplo de los anterior es el de aquella persona que, tras ver el gráfico intra día y comprobar una señal técnica, compra unas acciones de un banco, por ejemplo, para tratar de venderlas unas horas después. Sin embargo, las acciones comienzan a caer justo después de comprarlas. El operador, esperanzado, se dice a sí mismo, bueno, esperaré al cierre y las venderé entonces. Pero al cierre, las acciones continúan bajando. No pasa nada, piensa el inversor; el movimiento que espero se desarrollará durante la semana. Pero esta semana, la acción continúa en su contra. Entonces piensa, bueno, si es que el trading es una lotería. En realidad, es un buen banco, con buenos dividendos, me lo quedaré durante unos meses. Pero esos meses, la acción sigue en su contra. Bueno, se dice, si total la Bolsa a largo plazo siempre sube, me las quedo para mis nietos. Así la esperanza ha hecho que la mente del trader viaje en el tiempo, desde el plazo de unas horas hasta el largo plazo, bloqueando un dinero y evitando que aprovechase otras oportunidades.

En este mismo sentido, un trader necesita una esperanza matemática positiva para sobrevivir. Nunca se puede estar completamente seguro de que nuestra estrategia en los mercados es correcta. Pero ello no impide que podamos estar siempre seguros del riesgo que corremos, y operar en base al mismo. Conociendo nuestra pérdida máxima, podemos buscar un sistema en el que las operaciones ganadoras, aunque puedan ser incluso menos numerosas, superen las pérdidas de las operaciones perdedoras. Esto es un sistema con esperanza matemática positiva. Esa esperanza es vital para las cuentas de los traders. La esperanza, definida de cualquier otra manera, es un sentimiento negativo que nos llevará inevitablemente a la inconsistencia financiera.

Sin embargo, fuera de los mercados financieros, la esperanza es esencial. Sin esperanza, la mayoría de las cosas no tendrían sentido: la esperanza es necesaria para la felicidad. En un conocido experimento, algo cruel, por otro lado, que el científico R. Blitz realizó con ratas de campo, se arrojaba a uno de estos animales a un recipiente lleno de agua con paredes lisas que les impidieran escapar. En estas condiciones, las ratas fallecían en unos 15 minutos a causa del estrés al no existir salida de la situación. Sin embargo, si al cabo de unos minutos se le facilitaba a la rata una tablilla por donde pudiera escapar cuando el animal se volvía a introducir en el recipiente, era capaz de nadar durante más de 80 horas seguidas (con la esperanza de que volviera a la tablilla). La conclusión de este trabajo, conocido como el “experimento de la esperanza”, es que la esperanza nos da fuerzas desde lo más profundo; más de los que podemos imaginar. La necesitamos para sobrevivir.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

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El miedo en trading e inversiones

 

 

El miedo, de acuerdo a la definición de la RAE es una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Es una emoción, normalmente incómoda, concebida para ayudarnos a sobrevivir en un entorno de incertidumbre. El miedo fija nuestra atención en el riesgo que nuestra mente considera más importante frente al resto de riesgos.

El miedo es una emoción primaria. Las emociones primarias (ira, tristeza, miedo, amor, asco…) son estados afectivos automáticos y complejos que se desatan en nuestro cuerpo y que cumplen una función beneficiosa y de adaptación del organismo, al favorecer nuestra reacción frente a un estímulo. Biológicamente, el miedo se desarrolla principalmente en el cerebro, más concretamente, en el sistema límbico y siendo aún más concretos en la amígdala.

Tal y como encontramos en literatura financiera, a la hora de invertir, los errores más comunes a los que nos inducirá el miedo dependen del momento en que nos encontremos en la operación: antes de hacerla o después.

Antes de la operación, principalmente tendremos dos miedos: a que se nos vaya un buen precio de entrada y miedo a perder dinero en la operación, porque recordamos, por ejemplo, antiguos fracasos. Ambos miedos pueden ser parcialmente cubiertos. El miedo a que se nos vaya el precio deberá cubrirlo nuestro sistema, que nos indicará precios y motivos de entrada al mercado. El miedo a perder dinero solo puede ser solucionado con una adecuada gestión del riesgo, gracias al cual siempre sabremos cuál es el máximo dinero que vamos a perder. Así podremos adecuar nuestro nivel máximo de miedo a nuestra pérdida máxima.

Después de abrir la operación, los errores más comunes provocados por el miedo son cerrar la posición antes de que llegue al stop o cortar las ganancias. Este miedo se conoce como el “efecto disposición” y afecta tanto a los particulares como a los profesionales. Estos errores serán solucionados parcialmente del mismo modo que los anteriores: con un sistema claro de entradas y salidas. No podemos dejar que sea el mercado quién elija, puesto que en ese caso correremos un alto riesgo de ruina. Otra forma de minimizar el “efecto disposición” es mediante la formación y diversificando. Recuerda, no pongas todas los huevos en una misma cesta.

Por último, debemos considerar el miedo a equivocarse, y es que el trading es una actividad a menudo frustrante. Exige unos niveles de tolerancia al fracaso muy altos, superiores incluso a los de un vendedor a llamada fría.

No todo el mundo puede asumir esa tolerancia al fracaso. Pensemos por ejemplo en un sistema que acierta un 10% de las veces, con una ganancia media de 1.000 euros y una pérdida media de 5 euros. Es decir, no para de equivocarse en el sentido de las operaciones, pero por la esperanza matemática del sistema es muy positiva. Es un sistema claramente ganador. Pero, ¿podríamos soportar psicológicamente equivocarnos en 9 de cada 10 operaciones?

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

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Peter Lynch: “El destino de un inversor lo marca su estómago, no su cerebro”

 

 

El empresario e inversor estadounidense Peter Lynch (nacido el 19 de enero de 1944) convirtió entre 1977 y 1990 al fondo Magellan en el fondo más rentable del mundo, alcanzando una rentabilidad anual media del 29,2%. Sus ideas y términos sobre estrategias de inversión modernas se popularizaron hasta el punto de ser calificado como “leyenda” por los medios de comunicación financieros debido a sus resultados.

Su principio de inversión más conocido es “invierte en lo que conoces“, así como también que “el destino de un inversor lo marca su estómago, no su cerebro”, una expresión que refleja que, aunque para invertir en bolsa sea necesario tener conocimientos técnicos, también es de suma importancia dominar los elementos psicológicos que inciden en la toma de decisiones de inversión. En concreto, Lynch habla de resistencia:

Resistir ante las fluctuaciones o lateralidad del mercado, algunas veces incluso semanas enteras, lo que coloca al inversor en el estrado de la incertidumbre, la duda, y la sensación de inseguridad y en consecuencia, el nerviosismo.

​Conviene señalar que no existe un método infalible ni 100% seguro, que nos garantice la tranquilidad total en una operación financiera, pues el terreno en el que nos movemos es el de la probabilidad estadística, por lo que las dudas siempre van a estar presentes. Ante esta circunstancia, juega un papel fundamental la capacidad del inversor para sobrellevar estas dudas y actuar de forma comprometida con su plan de trading. Esta capacidad, sin duda, va a influir en los resultados que el inversor obtenga a lo largo de su trayectoria como trader y/o inversor.

En definitiva, análisis y Psicología deben ir de la mano. Podemos ser muy buenos analistas pero si somos pésimos en la ejecución de las decisiones de inversión, no obtendremos resultados consistentes. Lo mismo ocurre a la inversa: podemos ser buenos tomando decisiones de acuerdo con nuestros objetivos financieros y tener la resistencia y mentalidad económica propia del inversor, pero no acertamos en los análisis técnicos, por lo que no detectamos correctamente los setups, provocando de la misma manera que en el caso anterior, resultados desfavorables.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

 

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El préstamo vacacional

 

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La mayoría de los españoles arranca sus vacaciones en Agosto, y este año las vacaciones y los caprichos del verano son más fuertes que nunca. La pandemia nos dejó sin verano el pasado 2020, y este año nos acercamos al verano con ganas de revancha. Es un hecho que la demanda de préstamos en periodo vacacional se dispara, ya sea para cubrir los gastos de las vacaciones, o para comprar un coche. En este contexto, es crucial evitar caer en los errores comunes que cometemos al pedir financiación.

El crédito en sí no es algo negativo, pero tiene que ir completamente vinculado a una  estabilidad económica y laboral, lo cual deviene complicado en la situación de Covid19 actual. Si aún así, decidimos incurrir en pedir financiación, lo más importante es no endeudarse más de lo debido, puesto que ahí perderíamos realismo y sentido común. La regla de hora en literatura financiera es que el conjunto de deudas (como podría ser la cuota de la hipoteca o la financiación para otros motivos), no supere el 30%-35% de los ingresos mensuales.

Encegados por las vacaciones, no deberíamos caer en la tentación de los préstamos rápidos. Esto es precipitarse y es un error motivado por nuestras ansias de inmediatez. Los créditos fáciles, rápidos y preconcedidos, suelen ser los más caros. El crédito al consumo bancario es más barato (pero requiere más burocracia) y la financiación a través de la tarjeta de crédito queda en un punto intermedio, siendo la recomendación de los expertos que ésta se reserve para gastos menores y asumibles.

Por lo tanto, ante el panorama presentado, lo que hay que hacer por encima de todo es mantener la tranquilidad y tomarse la paciencia (y molestia) de comparar de forma objetiva y sin prisas tanto las opciones que hay (préstamo del banco, tarjeta de crédito) como los actores que nos ofrezcan ese dinero. No olvidemos tampoco la famosa letra pequeña, puesto que es común que los productos de financiación  a muy corto plazo (por ejemplo 3 meses) y cero interés, si se necesita refinanciarlo, se apliquen condiciones mucho más gravosas.

Y como siempre decimos, para un periodo tan corto como las vacaciones de verano, lo preferible sería no endeudarse. Ahorrar durante el año es la mejor de las opciones, y a pesar de que es una opción lenta y costosa, acaba saliendo a cuenta: nos hace más disciplinados en nuestras finanzas, más precavidos y más sensatos.

Felices vacaciones.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

 

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El ruido mediático y la inversión bursátil

 

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En los mercados financieros existe un elemento propiamente del Análisis Fundamental, que tiene que ver con las manos fuertes y las corrientes mediáticas interesadas en potenciar subidas de la cotización del precio de forma puntual, así como correcciones del precio sin argumentos que den lógica y fundamento a esas fluctuaciones. ¿Cómo gestionamos técnica y psicológicamente este ruido?

El hecho de que comprar y vender en los mercados financieros sea operativamente accesible a todo el mundo (cualquiera pueda abrirse en 5 minutos una cuenta en un bróker y depositar ahí dinero), no implica que todo el mundo entienda o sea capaz de procesar antes de abrir una posición las últimas declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, la relevancia del cierre bursátil de los mercados asiáticos con anterioridad a la sesión europea, las implicaciones de las reuniones de la FED, la magnitud y fuerza del índice dólar en los pares FOREX correlacionados, la volatilidad del Oro, los futuros en los índices más representativos como el SP500, el Dow Jones, el Nasdaq o el DAX alemán.

A menudo, el inversor novel se pierde en la complejidad de análisis y pronósticos sobre materias financieras y económicas tan abundantes en la red (cada uno dice la suya), gráficos repletos de canales de tendencia, medias móviles, bandas de Bollinger, volúmenes, MACD, RSI, etc. Estos métodos de inversión son útiles, no diremos que no. Pero en ese estudio, no nos perdamos la regla de oro de la inversión; los clásicos de toda la vida: búsqueda de soportes y resistencias, backtesting, disciplina férrea para salir de la operación cuando toca, no cuando “nos parece que”, stops bien planteados (solamente asumiremos un porcentaje sensato de pérdidas, adaptado a nuestro perfil como inversores y teniendo en cuenta nuestro capital depositado) y sobre todo, búsqueda de la tendencia principal para no ir en contra tendencia.

Al fin y al cabo, no hablamos más que de una adecuada gestión del riesgo. Y esa gestión del riesgo tiene que ver con el estar psicológicamente y técnicamente preparados para el ruido de mercado es decir, para la cantidad de movimiento que puede realizar un activo, en un momento determinado, pero que no afecta a su tendencia real. Podemos, por tanto, estar en tendencia alcista, y por una serie de variables, como noticias, resultados empresariales, debilidad de la moneda, etc, veamos como una cotización baja, pero sin afectar a su tendencia principal.

Ese movimiento que nos hace dudar tiene que estar bien controlado, de lo contrario los stops nos saltarán a la primera de cambio, y nos estaremos olvidando de algo tan fundamental en el trading como en la vida: el cambio de perspectiva, o lo que llamamos técnicamente, el cambio de horizonte temporal para detectar la tendencia principal, que será siempre nuestra amiga.

La tendencia está íntimamente relacionada con el horizonte temporal. Si soy un inversor muy largoplacista buscaré tendencia principales (tendencia primaria), pero si soy un swing trader (especulación de pocos días a semanas) mi tendencia no tiene porqué coincidir con la del inversor largoplacista, y si voy más allá y soy un daytrader (operaciones en el día) mi análisis de tendencia será distinto del que hace el inversor a largo plazo y también del que hace el especulador de swing trading. Es decir, un mismo activo puede estar en tendencia alcista o bajista en función del punto de vista que tome.

Si trabajamos en temporalidades muy bajas, hay que tener en cuenta el ruido puede que no nos deje hacer un análisis correcto de la situación; puede que no nos deje identificar correctamente la tendencia principal, y esto unido a un mal apalancamiento nos puede dejar en la cuneta a la primera curva. Hay que tener en cuenta también que controlar las estructuras en el corto plazo, supone una dedicación casi en exclusiva a las pantallas y es mentalmente agotador, por lo que hay que tomar buena nota de lo siguiente: para sobrevivir en trading a largo plazo, hay que aprender a mantenerse primero en el corto.

Aún y a pesar de la fractalidad de los mercados, la incertidumbre es el único elemento constante y seguro en trading. Si te arriesgas, hazlo con cabeza, es decir, con confirmaciones técnicas – lo más estadísticamente ajustadas – que argumenten y den peso a tus decisiones de entrada y salida del mercado. 

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

 

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Los juegos de la psique

 

 

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En el momento en que tomamos decisiones en entornos de incertidumbre como ocurre frecuentemente en los mercados financieros, el funcionamiento de nuestra psique se convierte especialmente complejo. Veámoslo con un ejemplo:

Imaginemos las siguientes situaciones, de las que Ud. debería elegir cuál prefiere:

A.- Ganar 2.400 EUR con un 100% de seguridad

B.- Ganar 10.000 EUR con un 25% de probabilidad o 0 EUR con un 75% de probabilidad.

En este juego la mayoría de la gente escoge llevarse el dinero con el 100% de seguridad (opción A), aunque en realidad, la esperanza matemática de arriesgarse (opción B) es superior a la de no arriesgarse:

A.- Esperanza matemática = 2.400 EUR x 100%= 2.400 EUR

B.- Esperanza matemática = 10.000 EUR x 25% + 0 EUR x 75% = 2.500 EUR

Veamos ahora un ejemplo con un escenario de pérdida:

Imaginemos las siguientes situaciones, de las que Ud. debería elegir cuál prefiere:

A.- Perder 2.400 EUR con un 100% de seguridad

B.- Perder 10.000 EUR con un 25% de probabilidad o 0 EUR con un 75% de probabilidad.

En este juego la gente suele escoger… ¡arriesgarse! (opción B), cuando de acuerdo con la esperanza matemática, es decir, desde un punto de vista racional, la pérdida sería mayor:

A.- Esperanza matemática = -2.400 EUR x 100%= -2.400 EUR

B.- Esperanza matemática = -10.000 EUR x 25% + 0 EUR x 75% = -2.500 EUR

Vistos estos ejemplos, concluimos que no pensamos en clave de esperanza matemática, sino en clave de emoción: seguridad, confianza (falta o exceso de la misma), aversión al riesgo, son emociones muy comunes en trading y mandan como las que más . No en vano decimos que el término emoción proviene del latín emotio, -onis y significa literalmente “el impulso que induce a la acción”.

En este sentido, otro interesante descubrimiento demuestra que somos poco racionales y que nuestro cerebro rellena huecos asignando ideas preconcebidas acerca de las cosas y de la gente. Veámoslo:

“María es una persona comprometida con el ecologismo. Acude a conferencias, utiliza papel reciclado, tiene 3 gatos y ha acudido a concentraciones para salvar a las focas del Ártico.”

Elija:

  1. María es una cajera de un banco.
  2. María es una cajera de un banco y está afiliada a una ONG.

Normalmente la gente elige la opción 2 cuando es mucho menos probable que la opción 1. Con la información que tenemos, es decir, casi nada, la opción 1 engloba a la opción 2.

El ser humano se relaciona con el entorno que le rodea de forma principalmente emocional. Alguien puede caernos bien o mal sólo por cómo viste. Amamos un país entero, o lo odiamos, como si todos los miembros de ese país fueran una sola persona. Podemos sentir algo más profundo por un objeto, como un coche o un libro, que por otra persona. En todo momento estamos experimentando alguna emoción, quizá no la notemos o no sepamos identificarla o definirla exactamente, pero el hecho es que nuestro día a día (nuestra supervivencia) está en mayor o menor grado influido por nuestras decisiones. Y como viene demostrando la investigación neurobiológica actual (por ejemplo Damasio, Le Doux o P. Ekman) en el proceso de decidir, las emociones son un requisito indispensable.

Resolvamos ahora la siguiente duda:

Nos ofrecen un juego donde hay un 99% de posibilidades de lograr 1.000 millones de euros, pero existe un 1% de probabilidades de morir.

¿Qué decidimos? ¿Tomaremos la decisión de forma racional?

Toda decisión debe estar influida por una emoción, puesto que aunque la probabilidad esté de nuestra parte, muchas veces lo que podríamos perder hace que no nos compense arriesgarnos. Por ello, no se trata tanto de eliminar nuestras emociones para actuar como robots fríos y calculadores, sino de aprender a distinguir en qué estado emocional nos encontramos para conocer los errores que cometemos habitualmente y así poder poner todos los sentimientos de nuestra parte.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

 

 

 

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