¿El trading es un cuestión de suerte?

 

 

 

El hecho es que el hombre, desde que es hombre, cree que la suerte existe. De este modo, asocia objetos, situaciones, rituales y hechos fortuitos a la percepción de una mayor o menor suerte. Por ejemplo, el amarillo significa mala suerte, las herraduras buena, romper un espejo mala, tocar la cabeza de una estatua buena, etc.

Pero matemáticamente la suerte no existe. Las matemáticas no entienden de suerte sino de probabilidades. Si invertimos en un valor al azar, la probabilidad de ganar o perder no estará en función de nuestra suerte, sino de una probabilidad que estará condicionada por la suma de un enorme número de factores, muchos de ellos (a veces todos) fuera del alcance de cualquier predicción.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, desde un punto de vista humano, la suerte sí que existe. Vaya que si existe. Que te toque o no la lotería podrá ser un hecho aleatorio, pero al que le toca, que le pregunten si tiene o no buena suerte. Por ello, psicólogos como por ejemplo Freud, pensaban que la suerte descendía exclusivamente de la actitud de la persona ante sucesos aleatorios.

Pero será el psicólogo especializado en “rarología” R. Wiseman, el que haya aportado los datos más reveladores sobre el tema. Para preparar sus experimentos, Wiseman decidió formar un gran grupo de personas dividiéndolos en dos subgrupos, los que decían tener suerte y los que decían no tenerla. En su primer experimento probó con jugadores de lotería, para ver si los que aseguraban tener suerte conseguían algún tipo de resultado especial. Los resultados del experimento fueron los esperados, es decir, que no había mayor probabilidad de que les tocase un premio a aquellos que aseguraban tener suerte. Con ello probaba que matemáticamente la suerte no existe. Tal y como comentábamos antes, no depende de nuestra suerte que un valor suba o baje. Ni siquiera de que nos consideremos o no afortunados.

Ahora bien, en otro de sus experimentos, pedía contar las imágenes que tenía un periódico. El truco estaba en que en la segunda página en un anuncio a media página (es decir, grandecito), se leía “Pare usted de leer, en este periódico hay 27 imágenes”. Los resultados del experimento son sencillamente geniales: la gran mayoría de las personas que decían tener suerte tardaban en resolver la pregunta unos segundos. Hasta aquí normal. Sin embargo, la gran mayoría de aquellos que decían tener mala suerte tardaban varios minutos en dar el resultado.

Pero hay más, otro experimento consistía en plantear el siguiente caso: les hacía imaginar que trabajaban en un banco y un atracador les disparaba en una mano, dejándosela inútil. La pregunta era: ¿creían tener buena o mala suerte? Los que decían tener mala suerte, por supuesto, decían que era malísima suerte perder una mano. Los que decían tener buena suerte en cambio aseguraban que era muy buena suerte no haber perdido la vida.

Es decir, la suerte es una cuestión de actitud. Es cierto lo dicho en La Eneida: “la suerte es para los osados”. Aquellos que están más abiertos a nuevas experiencias y a conocer gente nueva y nuevos lugares, tienen obviamente una mayor probabilidad de estar “en el sitio adecuado en el momento adecuado”.

Cuando entramos en el mundo de las inversiones, lo mejor es no dejar nada a la suerte y dejarlo todo a las matemáticas. Lo anterior no significa no hacer todo lo posible por poner las matemáticas de nuestra parte. Tendremos muchas posibilidades de “tener más suerte” si entramos al mercado con un plan de trading que nos ayude a averiguar el riesgo del mercado, y que ponga puntos claros de salida a nuestra estrategia, tanto cuando es errónea, como cuando es acertada: análisis (del riesgo, no del futuro, predecir el futuro es imposible) y money management.

 

Cristina Bartés

Chief Operating Officer

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